Juan y el año 69789
Este cuento lo escribí cuando estábamos en el génesis de "Osos Cordobeses", nunca se continuó la historia... pero tal vez haya llegado el momento de continuarla... era tan linda aquella época...
Aquí se las presento, tal cual como se la presentó en la lista de Osos Cordobeses hace algunos años...
Queridos amigos osos:
El día martes pasado, nos juntamos en el Restaurante La Perla de Córdoba, con algunos oseznos para comer juntos. Estuvieron Luis, Pecorino, Raúl, Rolando, Chechín, Buby, Marcelo (Mza) y Querrell. Entre vino y vino se nos ocurrió juntamente con Chechín hacer algo así como un concurso literario. Como para hacer algo distinto y movilizar la lista.
La idea es la siguiente. Es realizar un tipo cuento erótico comunitario. Es decir que cada uno de nosotros vaya escribiendo una parte de la historia que irá cambiando con cada participación de todos. Es como simular un juego de Rol, pero literario. No sé si me explico. Las historias pueden ser cosas personales o de terceros pero siempre manteniendo nombres y situaciones ficticias. A ver si realizamos un culebrón y luego publicamos un libro. Jajajaja.
Les mando un abrazo a todos y espero que aquellos que les guste afinar la punta del lápiz continúen la historia.
Juan y el año 69789 – Cuento Erótico -
Cap I – por Querrell
(Toda relación con personas o lugares de la vida real es una simple coincidencia)
Juan caminaba rápido por la peatonal 9 de Julio.
Tenía muchas razones para estar apurado. Era miércoles y Córdoba se movía a ritmo creciente. La noche ya comenzaba a despegarse de las paredes y los negocios expelían a sus empleados como figuritas.
Juan giró hacia la plaza San Martín con paso decidido. Cargaba una caja grandota que desbordaba voluptuosidad, casi tanta como su fornido cuerpo.
De vez en cuando debía esquivar alguno que otro transeúnte tan ensimismados como sus propios pensamientos.
Estaba contento. Había hecho un buen negocio esa tarde. Después de haber ahorrado centavo por centavo tenía su flamante aparato apretujado entre pelotitas de tergopor.
No veía la hora de llegar a su casa para desembalarlo.
Estaba feliz y sentía su corazón latir como acompasando sus movimientos.
Juan era un típico oso. Grandote, peludo y con una corta barba candado renegrida que cubría su mentón hasta confundirse más abajo con los pelos de su pecho. Su cara bonachona parecía escapada de los dibujos de Orson.
Atravesó la cuadriculada plaza y tomó por Independencia. Le faltaban solamente unos pasos para llegar a su departamento.
Antes de entrar al hall del edificio, de típica arrogancia lecorbusiana, miró al cielo y se sintió turbado. Unas nubes negruzcas avanzaban desde el sur como simulando gigantescos escaletrics.
Al entrar al hall del edificio arremetió contra el ascensor y acomodó su preciada carga apoyándola suavemente entre sus muslos. Sentía una sensación extraña que corría superficialmente sobre su piel.
Su departamento, herencia de una lejana tía abuela, contaba con un gran ventanal que daba hacia el norte. Por su altura, el quinto piso, permitía una vista casi perfecta hacia ese punto cardinal. Solo molestaba un solitario edificio, que había nacido en la época de los militares y que rascaba las nubes con sus antenas.
Juan acomodó suavemente la caja sobre la mesa y con una trincheta cortó la celofánica cinta que apretujaba su tesoro. Algunas pelotitas de tergopor se pegaron a su pullover casi acrílico y otras se esparcieron por el parquet.
El aparato comenzó a emerger de este mar polietilénico.
Era negro con formas bien definidas.
Los ojos de Juan se agrandaron. Lo veía lúbrico casi lascivo.
Sonriendo lo levantó. Pudo sentir su textura imperceptiblemente rugosa. Tenía un gran ojo vidriado que reflejaba su propia imagen.
Ansioso buscó el trípode dentro de los restos de polímeros y cartones.
Presuroso se instaló con la silla de su computadora, muy cercano al gran ventanal.
Enroscó el tornillo metálico del trípode que giraba con una ruedita y el protuberante tornillo se incrustó en el cuerpo del obscuro telescopio.
Estaba expectante, nervioso. La meteorología no ayudaba y esas fastidiosas nubes se entretenían en dibujar redondeces estúpidas en el cielo.
Marte aparecería de un momento a otro.
Para transcurrir la espera decidió hacer unas primeras pruebas con su fálica adquisición y apuntó el telescopio hacia el edificio de las antenas.
Algunos departamentos ya habían encendido sus luces.
Juan se sorprendió. Podía ver dentro de las mismas habitaciones como si estuviera suspendido en el aire. Sintió escalofríos y su rostro sucumbió ante la ola de calor interna.
- Soy un fisgón – se dijo a sí mismo
Giraba lentamente el telescopio recorriendo las habitaciones en donde reinaba la tranquilidad. Solo se apreciaban algunos posters de cantantes yanquis, un reloj comprado en todo por dos pesos, varias plantitas apretujadas en planteritas de plástico y alguna que otra chuchería.
Levantó su cabeza del objetivo y miró al cielo. Marte todavía no aparecía.
Dirigió el ocular hacia uno de los últimos pisos. Allí, una sola habitación estaba iluminada.
Hizo foco.
Juan casi lanzó un grito y se retiró violentamente hacia atrás.
Miró al edificio con sus propios ojos.
Volvió a poner su vista en el telescopio y observó esa cercanía nuevamente.
Era la ventana de un dormitorio.
Allí divisaba a un hombre descamisado que apoyaba displicentemente sus codos sobre el borde de la ventana.
- Qué extraño –se dijo Juan- Con el frío que hace este tipo está casi en bolas...
Tenía las manos cruzadas, una sobre otra. De vez en cuando daba una pitada a un cigarrillo. Eran manos fornidas. Sus muñecas cubiertas con fino vello escondían huesos templados. Su pecho denotaba que en un tiempo habría realizado alguna tarea más que ruda.
- Woof! -Suspiró Juan- ¡Mierda que tipo! Agregó.
- Qué hijo de puta, el lomázo que tiene el vago. Repitió.
El pene de Juan se estremeció.
- Tengo que ver si aparece Marte – se dijo
Levantó la vista, y las nubes ya negras, cubrían casi todo el horizonte.
- Nubes putas! Clamó y volvió a concentrarse en la ventana de la Torre Angela.
- Ug! ¿Dónde se metió? Dijo.
Ahora la ventana se presentaba vacía.
Juan sentía a su pene apretujado entre el boxer de seda y su bragueta tapizada por botones de latón.
- Puta madre. Me calenté de nada. Dijo, mientras se acomodaba el miembro endurecido.
Movió el telescopio un poco más hacia su derecha y tropezó con la ventana de un baño.
- Guau!. Ahí está otra vez. Se dijo.
El extraño estaba de espaldas frente a un espejo. Calzaba un slip color blanco bien apretado que contenía unos glúteos poderosos.
Juan se quedó perplejo. No lo podía creer.
- Esto es como internet ... ¡pero en cinemascope!. Dijo, levantando la voz. -Qué maravilla –agregó-
Mientras seguía observando atentamente a la lejana habitación.
El hombre tomó la costura de sus calzoncillos y con un rápido movimiento descendente los dejó caer. Su culo se presentó esplendente. Eran como dos grandes melocotones apretados. Aterciopelados. Cubiertos de un fino vello castaño. Se agachó y levantó el slip del suelo y lo tiró dentro de un canasto.
- Guacho... date vuelta... dale, date vuelta... -Murmuró Juan.
El tipo seguía de espaldas. Se miraba la boca en el espejo. Se observaba sus dientes, la incipiente barba. Cada vez que movía sus piernas, para inclinarse hacia el espejo, éstas se torneaban descubriendo varios tipos de músculos que se escondían detrás de cientos de pelos.
De repente, el extraño, hace un medio giro; dejando expuesto un tupido pubis, que se desgranaba en un falo apoyado delante de dos inusitadas bolsas ovoides.
Juan no aguantó y se desprendió la bragueta violentamente. Su pene saltó hacia arriba golpeando al amoratado glande sobre su ombligo.
- Ahhh suspiró. No daba más –dijo-
El hombre volvió a ponerse de espaldas mientras se pasaba la crema de afeitar sobre su cara.
Juan comenzó a recorrer con su mirada la espalda de este musculoso oso.
Imaginaba fantasías. Todas lujuriosas.
Se veía acercándose a ese extraño como volando. Con su boca abierta. Con su boca inundada de saliva. Pensaba en apoyar sus labios carnosos sobre esa tibia piel. Soñaba que su lengua saldría lentamente por entre sus labios, cargada de humedad, y que un hilo tenue guiaría su carnoso apéndice hasta el mismo centro de su ano.
Imaginaba a su boca, carnuda, roja, apretarse entre las venas de su culo hasta sentir las pulsaciones aceleradas por la excitación. Juan estaba casi convencido, que su boca, se hallaba incrustada en el ano del extraño y hasta podía sentir, a las nervudas nalgas, tapar sus fosas nasales por movimientos espasmódicos.
- ¡ Qué calentura! Se decía, mientras escupía en su mano y comenzaba a masturbarse lentamente.
El pene de Juan era voluminoso. No presentaba un largo tamaño, pero su grosor causaba asombro. Sus amigos del gimnasio lo llamaban Axe. Por la similitud con el tamaño del envase de ese tipo de desodorante. Su glande se abría rojo como un ibiscus y engarzado por un frenillo que parecía trenzado por un fino artesano. Por su saliva, el color carmín de su cabeza, resaltaba como un flash cada vez que sus dedos racimados apretaban y estiraban su dilatado prepucio.
- Date vuelta otra vez, guacho... date vuelta... –decía Juan mientras su mano lo masturbaba violentamente.
- Quiero verte de frente... dale – repetía Juan
De pronto sucedió algo extraño. El tipo lentamente comenzó a girar hacia la ventana, como si escuchara los suspiros de Juan.
- Huy dale... Hijo de puta que te quiero ver... decía
El hombre se dio vuelta completamente hacia la ventana y Juan lanzó un grito. El tipo tenía su miembro completamente erecto.
Juan tuvo un espasmo casi celestial y el semen comenzó a correr por su conducto. El líquido espeso y blanquecino salió en un chorro grueso que se estampó en el negro telescopio.
Juan volvió a gritar.
- ¡Hijo de puta.!.. hijo de puta... ¡no puede ser! – bramaba- en el mismo instante en que otro chorro de semen se esparcía bañando su garganta y estómago. Juan cerró sus ojos y se dejó llevar por otro espasmo placentero y sonrió.
- Ahh... ahhh... Qué placer... -gemía en total éxtasis mientras permanecía con sus ojos cerrados.
Luego de unos instantes, Juan se acomodó en la silla y como atontado miró nuevamente por el ocular de su telescopio. Al frente, en esa lejana habitación, pudo observar al extraño apoyado en su ventana. Tenía unos ojos dulces y en su boca una franca sonrisa.
Juan no lo podía creer.
Ese extraño, tan distante, lo miraba fijamente y sonreía.
(escrito por el OsoQuerrell en una solitaria noche de invierno – Córdoba / Agosto 2003)
A ver a ver... como continúa esta historia.
Capítulo II

2 Comments:
Hey, really appreciate your work here on your blog. Keep it up. Best Wishes,
Funny CowGirl
Cuentos de Chat - Cap I
& y... entonces qué hacemos?
* bueno... todavía no lo tengo muy claro...
& pero... qué no entendés?
* mmhh... no se...
& crees que nos pueden descubrir?
* No, no es eso... es que... no se?
& y... si no lo intentamos, no lo sabremos...
* Bueno, pensemos un poco... pero dejemos claro que no nos tienen que
descubrir. Entendés?
& of course, my friend. Entonces?... Si?...
* Sip.
& OK, entonces te metés hoy mismo en la lista.
* Sip
& Como hablamos en el café, tenés que comenzar con algo mas o menos
fuerte...
* Tengo una idea...
& Dale...
* Vos sabés que fue la elección de la Reina Gay... y ganó como siempre
la porteña (jejeje)
& Si...
* Qué te parece si armo un puterío entre Córdoba y Bs As?
& a ver a ver...
* Si. Los meto en un lío a todos diciendo que las travestis de aquí
son todas unas gronchas de cuarta! Ji ji
& ji ji, dale...
* También despotrico contra los gordos boludos de ese club de mierda.
& jajaja... sos un genio!
* Tengo un buen maestro (sic) jajaja
& Huy! Se va armar un tole-tole como con lo de Carlitos! jajaja
* Sí. Son tan boludos que no se dan cuenta! jajaja
& Mirá si serán boludos que dejaron de moderar la lista. ¡ y con 1200!
Socios.
* Esta es nuestra oportunidad para desbarrancar definitivamente el
sitio. Y luego lo borramos del nuestro! Jajaja (por comportamiento
indecente!) jajaja
& Jajajaj! Maestro!
* Así la fiesta la hacemos nosotros! jaja
& hablando de fiesta. Me tocaron el chitófono...
* jajaja (será el italiano)
& Si. Así que te tengo que dejar.
* Nos conectamos mañana?
& Dale, chau.
* by.
16:37:55 UTC
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